Como muchos, suelo esperar la Semana Santa como la oportunidad perfecta para descansar (dormir hasta tarde, ver tv), incluso me resisto a los viajes en esas fechas para poder “lograr mi objetivo supremo” jeje!

Cuando recibí la invitación para participar de Tangarana y siendo testigo de lo cansado que llegaba mi esposo (José Antonio) de estos días de voluntariado, me asusté un poco pues sabía que esos días serían diferentes.

Llegó el 17 de abril, volamos a Tarapoto e inmediatamente viajamos a Moyobamba. Ya desde el aeropuerto iba conociendo a otras personas que también apoyarían durante esos 5 días, todos felices y expectantes.

Dejamos las cosas en el hotel, almorzamos, visitamos las oficinas del CE Tangarana y el lugar donde se graba el programa “Las Hormigas del Morro”, aquí tuve la linda experiencia de ver a mi hija siendo entrevistada y me sentí súper orgullosa y agradecida por la oportunidad de compartir este momento con mi familia.

Esa tarde tuve mi primer acercamiento a Tangarana, a su objetivo, las pasiones que genera y a esa integración que se siente desde el primer contacto.  Luego una caminata para comer el rico madurito y una reunión nocturna, desde ya sentíamos el calor de Mari y su equipo.

Jueves 18, excursión a Tingana, un regalo indescriptible, este paseo por la selva y ser recibidos por gente tan buena y hospitalaria es para no olvidar y querer regresar.

Viernes 19, se venía el trabajo duro, armar los puestos en la feria, acomodar las cosas, mi lugar asignado fue en la venta de productos deportivos. No paramos, me estresé en un inicio, cuando mi esposo se fue a modelar los productos. Ofrecer, cobrar y explicar el uso de los productos… casi colapso, pero siempre hay personas que te extienden las manos, Clau, Pau, la señora Yoli dispuestas a colaborar. No podíamos parar, había que vender todo y colaborar con la desinstalación, luego la cena y a dormir al hotel porque se venía el evento principal.

El sábado desayunamos temprano, salimos al pueblo de Calzada y nuevamente a instalar los mismos puestos del día anterior, había que entregar las donaciones y luego la venta, se dice fácil, pero aún con las ideas de organización que tratábamos de implementar en el momento, siempre terminábamos con la ropa mezclada.

Almorzamos por grupos, luego había que prepararse para los 4 K, que optimistamente había pensado completar con mi hija. Llegaron las 4 pm, se dio la partida y comenzamos la subida, debo agregar que a los 10 pasos ya quería regresar, es una ruta complicada, pero una ruta con mucha vida, participa gente de todas las edades, pequeños, adultos y ancianos, gente demasiado amable, que con su aliento te motivaban a no querer parar y que en la carrera me pasaban con facilidad. Mi hija Macarena y mi prima Marivi, subieron más rápido y no las vi hasta el final de la carrera. Maca estaba muy entusiasmada y disfrutó la experiencia al máximo. Debo admitir que no pude terminar la carrera, solo llegué a la mitad de la subida acompañada de mi mami y mis tíos, pero lo alcanzado me dejo muy satisfecha, ya será para la siguiente.

Retornamos a Calzada y ya estaba todo listo para ver la salida de mis corredores nocturnos, Joaqui, Dieguito, Pau, Andre y JuanPa, fue increíble lo que hicieron, esa carrera es demasiado, ruta compleja, de noche, solo con una linterna en la cabeza, sumado al cansancio que deben de haber tenido, porque habían estado apoyando por la mañana en la entrega de donaciones; muy orgullosa de ellos y en especial de mi hijo, siempre sorprendiéndome.

Luego de las carreras, todos estábamos cansados, pero no había forma de parar, el entusiasmo y alegría de este equipo te inyecta algo que da fuerzas para continuar con todas las tareas acordadas.

Y en todos los momentos, había una persona, haciéndote sentir parte importante, siempre ofreciéndote algo, el corazón de este bonito sueño hecho realidad, Mari sin duda sin su energía, esto no sería lo que es.

Domingo de despedida, compartir experiencias y escuchar a aquellos que vienen de lejos y no tan lejos, gente maravillosa, todos pensando volver el siguiente año y traer a otros para que esta realidad vaya creciendo. Solo me queda decir que Tangarana  me encantóóóóó, fue una experiencia increíble y planeo volver todos los años,  ya que me dieron más cosas de las que yo pude dar, recargaron mi espíritu.

Virna Salazar