El fin no era la comodidad y el disfrute propio sino el trabajo que yo podía hacer por alguien más…

 

Toda la experiencia es muy bonita y enriquecedora, desde el momento de la llegada a Moyobamba hasta el día de la partida, Mari y el resto del equipo Tangarana me hicieron sentir parte de su pequeña familia.

Creo que recordaré siempre este viaje por muchas cosas; entre ellas está que fue mi primer viaje como mayor de edad y uno de los primeros sin mis papás y hermanos, pero también porque fue diferente. Cuando viajamos normalmente esperamos relajarnos, mis papás se encargan de coordinar todo, conseguir el hotel, los paquetes de turismo, los restaurantes y todo para nuestra comodidad; pero en este caso, el fin no era la comodidad y el disfrute propio sino el trabajo que yo podía hacer por alguien más. Disfruté cada pequeño detalle, desde la venta de artículos, armar la feria, señalizar el morro y competir en la carrera de 10K, realmente saqué provecho y acepté con alegría el trabajo duro.

En estos 5 días hice cosas que nunca imaginé que hubiera podido hacer, pero las hice sacando las fuerzas de la gente que me rodeaba, al ver su energía y entusiasmo para cada actividad.

La familia Tangarana está formada por personas increíbles, comprometidos con su trabajo, pero sobretodo, con las personas. Agradezco mucho que nos acogieran de la manera que lo hicieron, tan atentos y cariñosos.

Regresé cansada y consciente de que tenía clase temprano al día siguiente, pero con un sentimiento de realización y cierto orgullo de mí misma que un viaje recreativo rara vez te da. La siguiente vez que vaya, espero que con más miembros de mi familia, buscaré la manera de multiplicar mi apoyo, porque los resultados que se obtienen realmente valen la pena.

Ana Paula