A finales de febrero, un día sábado, le dije a mi futura esposa, vamos al morro al entreno, quiero conocer la ruta, fue el momento en que decidí participar en los 10 K del morro xtrem, luego por motivos de estudios (todos los sábados y domingos) me fue imposible hacer el respectivo entreno, hasta que llegó el gran día, salimos de clases con autorización de la maestra y nos dirigimos en mi moto lineal a Calzada a las 4:30 pm, con mi mochila llena de agua para la respectiva hidratación, muchos me veían y no creían que participaría en la carrera, hasta que me vieron en el punto de partida, con valor y ánimo que me dio mi futura esposa a las 6:30 pm partí rumbo a la cima del morro, siendo pasado por muy buenos corredores y también yo pasaba a algunos más “jóvenes” sacando cierta ventaja para que me alcancen en la subida, llegamos a la falda del Morro y comenzó en empinado ascenso, dando bocanadas de agua, subía y subía, pasando por el serpenteante camino iluminado por mi propia luz frontal totalmente bañado del sudor, la primera parte de la subida el camino es libre, luego viene el camino con mayor presencia de raíces, después aparecen las rocas o piedras en el camino, que dificultan mucho más el ascenso, es parte de la dificultad de la carrera, faltando aproximadamente 20 minutos para llegar a la cima, aparecen los problemas corporales, calambre en la pierna derecha, luego en la izquierda, momento en que me quedé parado con un inmenso dolor, con la gracia de Dios aparece una amiga socia de Tangarana, y me da dos pastillitas pequeñas diciéndome que los ponga bajo la lengua y que después me pasará el dolor,

así lo hice, pero como estaba dispuesto a no rendirme jamás y si o si llegar a la cima y  posteriormente a la meta, porque allí me esperaba mi novia, froté con fuerza mis piernas y comencé a caminar, hasta ahora no entiendo si fue por la fe en las pastillitas o en mi decisión de llegar a la cima, el dolor se me pasó, con un esfuerzo denodado logré llegar a la CIMA grité de júbilo hasta que me salieran las lágrimas por lo que hice, los voluntarios me dieron la pulsera verde y muchos ánimos más y emprendí el descenso, los calambres desaparecieron de mi pierna, bajé raudamente a tal punto de que los voluntarios que me vieron subir no creyeron que era yo, bajé y bajé sólo guiado por Dios y mi luz frontal, hasta que alcancé a una persona que bajaba despacio y tomé la decisión de acompañarla y bajar juntos, bajamos y bajamos y llegando a la falda del Morro, los bomberos descendían con una camilla a una persona que se había doblado el tobillo, y nosotros seguimos nuestra ruta rumbo a la META (plaza de Calzada), al llegar a la parte plana de la vía, trotamos y vuelven a aparecer los malestares corporales, ahora en el muslo izquierdo y después el derecho, las ambulancias de los bomberos iban y venían, ahora que me acuerdo, ni siquiera se me pasó por la mente subir a uno de ellos, lo único que quería era llegar a la meta aunque sea caminando porque estaba seguro que la mujer que amo, me esperaba allí, troté  y troté hasta llegar a la meta y ella estaba ahí esperándome, dándome valor “vamos amor, tu puedes, vamos, ya llegaste”, efectivamente llegué y les soy sincero, apenas pude mantenerme de pie, no soportaba los dolores en ambos muslos, gracias amor le dije, por ti llegué acá, aunque ella pensó que vendría en una de las ambulancias, y fue así que logré llegar a la meta de la cuarta edición del Morro Xtrem.